El choque generacional

Nota por @minervaoatenea

Gracias a que me la he vivido y trabajado en la fiesta desde hace ya un buen rato, mi facebook, twitter y demás, siempre están llenos de comentarios, experiencias, y cosas que de vez en cuando, no sé por qué, la gente quiere contarme.

Pero he notado ya, el inminente madrazo de la brecha generacional entre mis amigos más antiguos y los más jóvenes. Mientras unos dicen “Gueeeeeeeey quiero ir a ver a Steve Aoki” otros me dicen: “¿Hace falta algo de techno no? Vayámonos a ver a Nicole Moudaber”.

También me ha pasado que me han mentado la madre hasta cansarse porqué hablo o escribo de “EDM y sus artistas” Pero creo que a todos, especialmente la gente que le está pegando a mi edad – es decir entre 25 y 35 años- se nos está olvidando algo: Somos distintas generaciones.

Cada vez que hablo de edades y de ese bonito sentimiento de enruquecimiento, no puedo evitar acordarme de Kaeri Tedla. Pero bueno. Hemos llegado al punto en el que dos generaciones, de hecho, me atrevo a decir que las más opuestas hasta ahora, se han juntado en los foros, conciertos, y en las fiestas.

Cuando yo tenía la edad de los yoloescuincles de hoy, osea, entre 16 y 20 años era todo un reto que te dejaran ya no entrar a una fiesta, que tus papás te dejarán ir. Y ya ahí, era rarisimo encontrar a alguien más o menos de tu edad. En mis primeras fiestas, creo que si vi a 20 personas entre mi mismo grupo de edad en una fiesta de 2000 personas, era mucho.

Ahora, los que vimos crecer la música electrónica, de un puesto más o menos decente en la industria música a uno de los géneros que más dinero deja, incluso igual o más que el pop, comenzamos a ser minoría.

Lo aceptemos o no, ya estamos cumpliendo años,  y para algunos, eso significa formar familias, para otros significa tener una chamba más absorbente, nuestras principales prioridades ya no son las de terminar a tiempo la tarea para que la revise el maestro. La cuentas ahora si las tenemos que pagar nosotros. Y eso, afecta y mucho la forma en la que nos divertimos. De repente, ya comenzamos a no aguantar 3 días de fiesta continua, y otro tipo de cosas.

Y lo peor, la música electrónica, no es la misma que conocimos hace 10 años. Por ejemplo este, es el Fatboy Slim que me conquistó en 2002.

Y este, es el Fatboy Slim que hace las delicias de los Yoloescuincles.

Ambos vídeos, son del mismo artista 10 años después. ¿Qué pasó? De entrada la gente se nota muy cambiada, la actitud frente a la fiesta, a todas luces ya no respira ese hálito de P.L.U.R. (Peace, Love, Unity & Respect) de el primer vídeo al segundo. Los tracks pasaron del dance tirandole a un house sabrosón, al dirty dutch y al “EDM”.

Las producciones aumentaron de tamaño, el público se hace cada vez mayor. Y un dj, como dicen los de molotov, no viven de fajotes de aire, si no de los monedazos que nosotros les damos cuando compramos un boleto para verlos en las taquillas físicas o virtuales.

Personajes como Fatboy Slim, han hecho que dos generaciones que se odian un poco entre si, tengamos que convivir en las mismas fiestotas. A mi, como fan, como simple mortal, me emociona ver que finalmente llegó la época de los grandes festivales en México, si de esos con los que soñaba hace más de una década. Me emociona ver escenarios grandotes con buhos que se mueven, luces robóticas que ni en sueños habría visto antes, con talentos que antes ni en drogas habrían puesto un pie en México.

Y también me bajonea ver chavitos, que no saben ni quién diablos está tocando, pero eso si, están hasta el huevo de alcohol. Y la neta, es mucho por envidia, porque ellos disfrutan de algo que mi generación -si los que estamos entre los 25 y los 35- tuvimos que esperar mucho tiempo para disfrutar, y estos con un “papi quiero ir“, ya están en el VIP o en el Backstage dando lata.

Vayamos a otro ejemplo:

Este es el Ultra Music Festival en 2003.

Hasta se me enchina el cuero de ver estos vídeos. Hace 10 años, así lucía la producción de uno de los festivales más longevos en la música electrónica. El que la música electrónica se haya vuelto más masivo de lo que fue en esa época, ha hecho que ahora tengan escenarios no caros, si no lo que sigue, y que haya espacio para otros talentos que si bien no a todos nos fascinan, tienen la oportunidad de mostrar de que lado masca su iguana, y de que lado pega su diurex.

Si no me crean, vean esto.

¿Es malo que haya yoloescuincles? No, no es malo, porque ellos y sus papás le están inyectando dinero, mucho dinero a la maquinaria de la música electrónica. Que no es ya la misma que de hace una década. ¿Y saben por qué? Porque los djs, los músicos, los productores, y las máquinas evolucionan. Hoy, se ha hecho más democrático el acceso a la música electrónica, cosa que la esta padre.

Lo que no lo está, es que el yolo tenga las herramientas que nosotros los que vemos a los teenagers con cara de ternurita, no tuvimos al alcance de sus inocentes y alcholizadas manitas y no lo usen. Eso si está de la chingada. Pero no es del todo su culpa, pertenecen a una generación en la que no tienen que ir a la biblioteca, es más creo que nunca han oído hablar de ella. Pertenecen a una generación, en la que papi y mami los defienden del mundo, cuando a las anteriores, nos aventaban a chingadazos.

Son de una generación, en la que la tarea se entrega impresa o se manda por mail, cuando a nosotros nos ponían a copiar la mendiga biografía de un prócer mexicano o extranjero de un cuadro minúsculo de papel, o de un grueso libro de texto.

El yolo, es el reflejo de una mala educación formal, y familiar. No es que nosotros no, pero en ellos se nota mucho más ¿Por qué? Porque ya no somos nosotros los teenagers. El mercado de la música electrónica, y muy pronto muchos otros se enfocaran en ellos. Por que los que ya cumplimos más de 25, cambiamos para bien o para mal de estilo de vida. Y no lo digo yo, lo dijó Mufasa en el Rey León, por que es el ciclo de la vida.

La próxima vez que un escuincle latoso aka yolo, te este arruinando la fiesta, piensa que en 10 años va estar tan cansado que ni siquiera va a pararse en una fiesta y tú si, porque nosotros ya no reventamos en pedazos.

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